Nos gusta volar estaciones de tren: Demoler, demoler, demoler, demoler.
Así, aquella banda peruana reconocida como los Saikos nos daba lo que hoy por hoy es realidad tangible mas nunca tangente en el devenir del transporte público.
Innecesariamente esta semana me levanté más de una vez a horarios impúdicos, sacrilegiosa conducta me llevó a comprender que en el universo existe algo más que el odio por el odio mismo: el odio por amor al odio.
De esta forma, como el arte por el arte devino en el arte por el billete y el billete por el arte en billete por billete y el billete por billete en arte para hacerme el que soy artista pero tengo el billete para financiar mi arte que es por el arte misma, o en otras palabras: soy hijo de un rico que es tan forro como para mantenerme en la bohemia actitud de reproducir imbecilidades mientras me hago el intelectual y leo a Derrida -sin entenderlo, claro-, me autoproclamo artista sin preocupaciones materiales mundanas y manejo la 4×4 de papá; de esa forma y no de otra yo tuve que viajar en tren a las 7 de la mañana. Es decir, tuve que convertirme en un forro.
Alguna vez un gracioso sujeto cuyo nombre no recuerdo dijo que viajar en el tren en hora pico era como una pintura de Picasso.
La realidad es que tenía razón, tanta razón que en ese momento de eufórica alegría que solo la comedia stand-up a lo Seinfeld nos da todos estallamos de risa en un impulso que más de un estudioso de pequeños grupos hubiese definido como “Colectivo de pelotudos”, “Maremoto de infelices” o, en un lenguaje más marxista, “Enajenaditos de mierda”
Alguna que otra vez me dijeron que tengo lindos ojos, o que en determinados momentos mi voz cambia de una forma atractiva, pero juro que jamás me sentí tan sexy como en un tren, donde la mano más pudorosa exploró mi cuerpo de una forma tan sutil y delicada que volví a sentirme una colegiala despreocupada de la vida.
Peor aún, la travesía no existía por si misma en mi, sino que fui acompañado por mi “compañera de caminos” -como dicen los acomplejados anarquistas-, implicando toda una nueva serie de sensasiones absolutamente complejas de resolver y que sin duda devendrán en algún momento como trauma: ¿Qué hago con el pibe que está atrás de la doña?
Porque claro, el tipo no tiene realmente espacio para moverse y sin embargo uno ve en los ojos del masculino cuando la líbido aflora.
Sin embargo, uno se trata de tomar con humor la situación y espera dulcemente el gentil abrazo de Mario, aquel rústico mas hermoso obrero que viaja detrás, que no toca agua ya desde el invierno del 89.
Pero no caigamos en la vulgar posición de otorgarle sentido sexual a todo lo que nos rodea.
Problemas respiratorios, dolores musculares, fatiga (no, no soy Tom Cruise en “A Few Good Man”) se presentan ante nosotros como la forma de vida nueva -y por tanto mejor- al adentrarnos en el hermoso mundo del transporte público.
Abro paréntesis -> ( ) <- Cierro paréntesis
Algunos dirán que no dije nada. Yo digo que la nada es algo porque puede ser definida. A fin de cuentas, nunca jamás nadie supo cuántos pares son tres botines. Nunca nadie lo sabrá.
A sabiendas de que nadie sabe lo que no puede ser sabido, yo no se como puede la gente someterse a semejante tortura a diario sin hacer nada al respecto.
No quiero volver a los 15 años, ya fui suficiente tiempo anarquista y tira bomba, pero todo tiene un límite y hay algunas cosas que están mal.
No joven K que me lee con su distintiva capacidad para ser un pelotudo, tampoco joven proto socialista que me contempla con su maravillosa cualidad de ser un imbécil, no digo que viajar apretado sea el problema más grande de la humanidad: ustedes son el ejemplo de que hay problemas peores y más urgentes.
Aquí analizaremos este problema en particular, con un dejo de ideas subversivas, falta de conciencia nacional, nulo respeto por las instituciones y descarada soberbia al hablar. Como de costumbre, claro.
El problema: Está más que claro para cualquiera que se tome un puto tren-subte-bondi en hora pico.
La agenda de acción: En una primera instancia dejar de pagar el boleto. Qué es ese sentimiento moralista de “pagar el boleto porque así son las cosas”? Así son las cosas le dijeron Moreno cuando se cayó adentro de la ballena en el medio del océano. Así son las cosas le dijeron a Tupac Amaru cuando lo traicionaron. Así son las cosas te dicen cuando te echan del trabajo.
Las cosas como son son una cagada, seguir respetándolas es permitir que defequen sobre uno. El boleto que lo pague el Estado que tanto circo hace de que lo subvenciona, que lo pague la empresa privada que no invierte un carajo, que lo pague la gorda carrió con oro providencial, no se, pero yo no lo voy a pagar. Y ustedes tampoco deberían.
El siguiente punto de la agenda es explicarles a los que quieren seguir pagando boleto que pagar el boleto es traicionar al pueblo.
El tercer punto es impedirles el ingreso a los anteriores que no cambiaron de postura porque siguen pensando que “hay que hacer las cosas bien”. Bien la hicieron los Ingleses cuando independizaron Latinoamérica. Bien la hizo Stalin cuando sofocó revoluciones en otros países. Bien la hizo el gordo Bucay hasta que saltó la ficha.
Hacer las cosas bien es hacer las cosas mal. Hacer las cosas mal es hacer las cosas bien.
El cuarto punto es adoctrinar a los pica boletos para generan una nueva milicia trenística que se atrinchere contra los eventuales intentos normalizadores del estado. Es decir, enseñemos como hacer molotovs y que las tiren “a voluntad” cuantra cualquier cosa azul: un policía, un pitufo, un desafortunado tipo que nada que ver con una campera de jean. De los errores se aprende….. o no.
El quinto punto es poner estratégicamente bombas en la casa rosada, el senado, y en las casas de la gente que nos caiga mal y hacerlas volar todas a más o menos el mismo tiempo (por lo menos la misma semana) y publicarlo en nuestro twitter.
Claramente nada de lo que dije tiene sentido y no representa mi opinión. Pero denle un segundo de reflexión a la idea de ver a la casa rosada explotar por los aires. Hermoso, no? Sí, claro que es hermoso, siempre que una institución se desploma es hermoso, es un evento único donde los comunistas sienten que su vida tiene sentido. Por lo general una media hora después se dan cuenta de que son las 5 de la tarde y estaban durmiendo en el estacionamiento de Marcelo T. Esas cosas no pasan.
Sigamos usando el tren callados, sigamos dejando que otra gente decida por nosotros y sigamos pagando el boleto que hasta ahora viene funcionando de diez el sistema.
Ja! Ahora los confundí y ya no saben que pienso! Quieren saber que pienso? Me imaginaba…